Fichas de Finca

 

Para los efectos de este catálogo llamaremos “ficha de finca” a todo objeto que se supone haya servido como medio de pago; control de trabajo realizado o instrumento de intercambio por cualquier artículo, producto o servicio.  Creado o emitido por cualquier persona individual o jurídica en forma particular, principalmente por fincas o haciendas y que sea fácilmente distinguible de otros objetos de su misma especie.   Quedan excluidos de este concepto todos los documentos o títulos emitidos en papel, nominativos o al portador, tales como billetes, cheques, vales, pagares, acciones, cédulas o similares.   Lo que en Guatemala conocemos como Fichas de Finca, en otros países se les llama Token, Monedas Particulares, Boletos de Café, Señas y Ñapas, Riles de Finca, etc.

 

Como se menciona en las secciones anteriores de este catálogo, desde la época precolombina fueron utilizados el cacao, las conchas, plumas, pieles y otras especies como patrón monetario “nativo”,  coexistiendo con el uso de monedas, principalmente en las áreas agrícolas o extraurbanas y en la población indígena hasta finales del siglo XIX.  Estos objetos utilizados como patrón monetario, por no haber sido distinguidos como tales por su emisor o usuario, quedan fuera de este catálogo aunque hayan sido usados para los mismos fines y propósitos que las fichas de finca.

 

Asimismo ya fue mencionada la falta de medio circulante que sufrió la población guatemalteca, a lo largo de su historia, máxime en las zonas agrícolas del país, por lo general apartadas y poco comunicadas de las ciudades o poblados de la época.

 

Durante la época colonial la minería fue la principal actividad económica de la región.   La agricultura estaba destinada básicamente al consumo interno y no requería mayor cantidad de circulante para su producción (basada principalmente en la esclavitud indígena) ni para la comercialización de sus diferentes productos ya que se valían básicamente del trueque a nivel extraurbano ó del escaso medio circulante a nivel urbano.

 

Tras la independencia de Centroamérica, la abolición de la esclavitud y la caída de la producción y exportación de la cochinilla y el añil, a mediados del siglo XIX, se empezaron a formar grandes fincas o haciendas destinadas al cultivo de café.   Dichas fincas demandaron gran cantidad de mano de obra principalmente indígena.   Ante la apatía, miedo y atrasada mentalidad de los criollos guatemaltecos, generada por las pérdidas recientes en la producción de la cochinilla y los estragos derivados de la guerra civil; muchas de estas fincas fueron formadas por inmigrantes alemanes, colombianos, belgas y franceses entre otros, quienes en sus países de origen ya habían oído de las nuevas oportunidades en el cultivo del café.   La falta de mano de obra, comunicaciones, acceso al crédito y medio circulante, fueron algunas de las dificultades con la que tropezaron los nuevos finqueros.   Todas y cada una de estas dificultades fueron las que propiciaron y difundieron el uso de las fichas de finca en la incipiente industria cafetalera.

La mayor parte de fichas guatemaltecas pertenecen a plantaciones de café y fueron creadas y utilizadas entre 1850 y 1950, aunque su uso se prolongó en algunas regiones hasta finales del siglo XX.   La pieza de Furrer Hastedt & Cia. es la fecha más antigua que se conoce, 1854.   Fue acuñada en níquel, en denominaciones de ½, 1 y 2.   La fecha que aparece en ella, si bien se reputa como el año de su acuñación, también podría ser la fecha de inicio de operaciones o fundación de la compañía, ya que por esos años recién iniciaba el desarrollo de la caficultura en el país.

 

Existen fichas de finca guatemaltecas producidas en forma artesanal, contramarcadas o reacuñadas sobre otras monedas y las acuñadas formal y específicamente para una finca determinada.

    

De las producidas en forma rústica o artesanal, las encontramos en diferentes formas, tamaños y materiales.  Es muy difícil determinar su fecha de creación, salvo que así se indique o deduciéndolo por la finca a la que pertenece, si aparece, y la fecha en la que esta operó.

    

De las contramarcadas o reacuñadas sobre otras monedas, encontramos principalmente las hechas usando los centavos de cobre de Guatemala de 1871 y 1881, ya sean reacuñados, aplastados o contramarcados.   También las encontramos en menor número sobre otras monedas guatemaltecas y algunas extranjeras.   En estos casos, la fecha de la moneda usada nos sirve para aproximarnos al período en que la misma fue utilizada.  

 

En el caso de las formalmente acuñadas es más fácil determinar su fecha de creación, si no se indica en ella, por el período de tiempo en que operaron las casas o compañías acuñadoras, si consta su cuño.   La mayor parte de las que fueron acuñadas se hicieron en la Casa de Moneda de Guatemala, pero no se hizo constar el cuño de la misma.   La Casa de Moneda de Guatemala quedó facultada para acuñar monedas particulares, según el reglamento de fecha 21 de noviembre de 1,894, en el cual se limitaba la acuñación de fichas de finca a material de cobre y a 17, 22 o 26 milímetros de diámetro.   Asimismo, en dicho reglamento se prohibía que tuvieran el tamaño de las monedas nacionales, que para ese entonces tenían 37, 31, 24, 18, 16 milímetros las de plata, y 25 mm la de 1 centavo de cobre.   

  

 

  

 

Algunas fichas de finca fueron acuñadas en el extranjero por casas como:  A. Popert, Paris; L. H. Moise S. F. (compañía que existió en San Francisco, CA, EEUU, de 1893 a 1897); C. A. Klinkner & Co. S. F. (que operó también en San Francisco, CA, de 1889 a 1897); Moise-Klinkner Co. (compañía creada de la fusión de las 2 anteriores en 1897, y que operó hasta 1930, año en que se convirtió en Patrick & Co.).

 

Las fichas de finca en un principio fueron usadas como medio de control de trabajo realizado ó como substituto de medio circulante.   Eran entregadas por el propietario de la finca al trabajador ó al proveedor del servicio o producto.   Por ejemplo, a la persona que entregaba una carretada de leña, una arroba de maíz o un guacal de café cortado, se le entregaba una ficha, ya sea indicando este producto o servicio o por su equivalente en reales o pesos.    En principio las fichas serían cambiadas periódicamente por el propietario de la finca al tenedor de la misma por su equivalente en moneda de curso legal.    Como esto no siempre sucedía en la realidad,  algunos comerciantes empezaron a recibirlas en sus establecimientos como medio de pago, siempre y cuando la finca fuera conocida y solvente.   Con el tiempo la mayoría de las fincas establecieron sus propias tiendas y allí eran cambiadas sus propias fichas por artículos de consumo requeridos por los trabajadores; obteniendo el hacendado doble beneficio y en cierta forma manteniendo cautiva la mano de obra calificada tan escasa en esos tiempos.   Asimismo, al empezarse a aceptar fuera de la propia finca comenzaron a aparecer falsificaciones, sobre todo de las rústicas o elaboradas artesanalmente.   Lo que en un principio empezó como un sistema que facilitaba, tanto para el patrono como para el trabajador, el intercambio de bienes o servicios, con el tiempo se convirtió en un instrumento de explotación, fraude y especulación, fuera de todo control gubernamental.   En 1925, el estado prohibió su uso como medio de pago o sustituto de la moneda de curso legal, el Quetzal.   No obstante la prohibición, su uso siguió muy generalizado hasta finales del siglo XX.

       

En algunas fichas de finca encontramos contramarcas sobre las mismas.  Las razones para contramarcarlas pudieron ser varias, entre otras: el cambio de propietario de la finca, la revalidación por parte del mismo propietario de la finca para evitar falsificaciones o fraudes o para actualizar sus inventarios, la habilitación para su uso por parte de una finca distinta, el cambio de valor de una ficha, o para inhabilitarla y ponerla fuera de circulación.

 

La clasificación de las distintas piezas en este catálogo se hizo siguiendo el orden alfabético, dando preferencia al nombre de la finca si lo tuviere (omitiendo adjetivos, tales como la, el, los, san, finca, cafetal, hacienda, etc.).   En defecto de lo anterior al apellido del emisor o al nombre, si sólo este apareciera.   En caso de no figurar ninguno de los anteriores, a cualquier primera letra o número que la identifique, salvo el caso de las iniciales de las que se conozca su significado en donde se siguieron las primeras dos reglas anteriores.

 

Este catálogo no pretende de ninguna forma ser “EL” catálogo de fichas de finca de Guatemala.   Está muy lejos de serlo a pesar de ser a la fecha el más completo que se conozca en forma pública.   En la actualidad algunos coleccionistas hablan de hasta 4,000 piezas diferentes, estando aquí catalogadas únicamente cerca de 1,000.    Es tan sólo un trabajo que tiende a catalogar las fichas que han sido de mi colección particular e ilustrar con imágenes las diferentes piezas que conozco, sus medidas y materiales utilizados.    Espero que sirva como referencia para futuros trabajos o para personas que desconocen la existencia de las mismas, ante la poca bibliografía sobre el tema y la falta de colaboración de mis connacionales en compartir las fichas y conocimientos que sobre ellas poseen.   Casi la totalidad de referencia bibliográfica de la que hoy se dispone proviene de catálogos y publicaciones extranjeras.   La idea es irlo mejorando y ampliando en la medida que consiga o tenga información de nuevas piezas.

 

La colección de fichas de fincas aquí catalogada fue iniciada por mi padre, José Roberto Sandoval Campo, alrededor de 1970.   De él heredé cerca de 250 fichas distintas y la fui ampliando hasta llegar a casi 800.   A principios del 2008, vendí la colección completa al Presidente de la Sociedad Numismática Dominicana, José Manuel Henríquez, un buen amigo que se dedica a coleccionar fichas de finca a nivel latinoamericano.   Antes de entregárselas procedí a fotografiar y medir las piezas que integran la colección.   Hoy en día mantenemos una comunicación constante en aras de fortalecer y ampliar el presente catálogo, de la que él mismo ha dado en llamar “Nuestra Colección”.

 

Espero el presente catálogo les sea de alguna utilidad en cualquier parte del mundo en que se encuentren.


Cualquier sugerencia o consulta por favor háganoslo saber.
 Monedas de Guatemala
Víctor Hugo Sandoval Abullarade

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